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Por Pedro Pablo Inga Huaringa
La tarea histórica, social y cultural es rescatar, preservar, y conservar las costumbres, así como identificar nuestras raíces en forma interrumpida debe realizarse, generación por generación, para contribuir y fortalecer la identidad que a todo entorno en que se nace o convive le corresponde a su idiosincrasia.
En la zona sur de la provincia de Huarochirí existen pequeños sitios de interés arqueológicos donde el arqueólogo huarochirano Julio C. Tello ha estudiado y ha rescatado algunos artefactos de los antiguos pobladores de esa región. Los documentos de estudios están por muchos años archivados y ocultados en la Universidad de San Marcos y en el museo de Jesús Maria en Lima. Ante estas razones, y para incentivar la actividad turística como se pretende, es necesario fortalecer las acciones culturales, sobre todo las tradiciones de esta región, y no permitir que a causa de dogmas otras se diluyan nuestras costumbres.
Día del espíritu en los tiempos antiguos
De acuerdo con las fuentes de información prehispánica sobre la tradición religiosa de la gente Andina realizaban su culto a los muertos en las montañas del Pariakaka. Según el manuscrito de Frank Salomón y Jorge Urioste, publicado en la Universidad de Texas, Estados Unidos, describen que la gente antigua en la región de Huarochirí ofrecía alimentos a los espíritus de los muertos durante la Festividad del Pariakaka. Asimismo, nos describe cómo los antiguos pobladores pensaban sobre el Día de Todos los Santos durante el coloniaje Español.
En aquellos tiempos, cuándo una persona se daba por declarado muerto, la gente colocaba el cuerpo a fuera de la habitación hasta que hayan pasado cinco días. La creencia de la gente era que el muerto iba a retornar en cinco días, por eso decían vamos a esperar. Después de los cinco días, la gente creía que el espíritu del muerto se convertía en el tamaño de una mosca, que volaría hacia el lugar de Pariakaka, por que Pariakaka, para ellos, era el fabricante y el medio de la vida. Por esa razón la gente viajaban a las montañas del Pariakaka para venerar y para llorar por sus muertos y darles sus alimentos.
La tradición Andina requería de una cuidadosa conservación del cuerpo del muerto y lo sepultaban en cuevas o la "casita del muerto", que más tarde era conocido como “Chulpa” donde ellos eran visitados regularmente con sus alimentos favoritos. Después del quinto día, el muerto era vestido con los mejores prendas de vestir, por que creían que al oponerse el sol el espirito del muerto (ánima, como los abuelos lo llamaban) iba a regresar.
La gente Andina consideraba que el entierro cristiano, en la que los clérigos españoles los forzaban, causaba una aflicción que impedía a los alimentos y vestirlos al pariente desaparecido. Los antepasados enterrados en cementerios cristianos eran imaginados como cementerios hambrientos y de sufrimiento mientras que el cuerpo se decomponía. El ritual de la gente de la región de Huarochirí describía como parecer una tentativa de mitigar la angustia acerca de entierro. En otras palabras, era inaceptable el nuevo culto impuesto a sus muertos.
El manuscrito del padre Francisco de Ávila advierte que las culturas prehispánica en Huarochirí y San Lorenzo de Quinte en el Día de Todos los Santos, la gente decían vamos a dejar unos buenos alimentos calientes alrededor de la iglesia. Estos alimentos eran como papas, ocas, mishguas, pedazos de charqui con condimentos como ají rojo, mazamorra de calabaza y lo dejaban a fuera de la Iglesia como si fuera la comida para comer. También dejaban maíz tostado “cancha”, trigo tostado, carne cocinada y un frasco de chicha de jora para cada uno de los muertos.
La gente antigua recordando esas comidas favoritas del muerto, las personas que todavía no se habían convertido a la Cristiandad decía que, "Los españoles dan también alimentos a sus muertos, a su hueso, en el Día de Todos los Santos”. Así que vayamos a la iglesia para alimentar a nuestros muertos. En aquellos tiempos la gente llevaba comida de toda clase cocinadas a la perfección y al gusto del finado.
En la época prehispánica en la región del sur de Huarochirí, a la muerte se veía como ciclo normal, o sea un paso mas de la vida a la otra. Con el fin de que el muerto se vaya a la otra vida, los antepasados lo sepultaban con algunos de sus instrumentos de trabajo, alguna pertenencia o su instrumento musical.
Tradición: combinación de culturas
Los historiadores advierten que con la llegada de las culturas prehispánicas, que es de quien se heredó la tradición, realizaban su culto a los muertos, que para la gente antiguo eran costumbre diferentes, que no identificaba a esa región. Asimismo, con la llegada de los españoles y la religión Católica, llegó otra forma de entender la muerte y se dio un sincretismo de creencias muy interesante que se fue reflejando en toda celebración en el Dial de los Muertos. La muerte se empieza ver con temor porque ellos traen la concepción del infierno y el purgatorio.
Son pocas veces que la gente se reúne en el cementerio no sólo para rendir homenaje a sus muertos, sino también a recordar a sus seres queridos en el Día de los Muertos que se viene realizando tradicionalmente. Para esta fiesta, los preparativos se llevan acabo como en cualquier otra celebración importante. Se piensa en los seres queridos desaparecidos, la comida que mas guste y se busca la forma de agasajarlos con todas aquellas cosas que disfrutaban en el mundo.
En Perú y como en muchas otras partes de América latina, los días que nos dirigen a un día especial cuando y donde se encuentran familias enteras en los cementerios. Es un tiempo del recuerdo o para recordar, o de otro modo conocido como Día de los Muertos.
Mucha gente de los Andes encuentra esta práctica del recuerdo en el Día de los Muertos de una manera consoladora para tratar con la muerte y la pena, que son las partes inevitables de la vida. Día de los Muertos es un tiempo de enfocar al muerto, no a la muerte, y recordar los seres queridos, sus alimentos favoritos, sus músicas y sus debilidades. No sólo no son olvidados, sino que nos rehusamos a olvidárselos. Y lo hacen así con la nostalgia pequeña, con uno diversión pequeña y una solemnidad pequeña.
Muy pocas personas van al cementerio a llorar, mas bien van a recordar a sus seres desaparecidos porque lo hacían sentir mejor. En los pueblos Andinos, la observancia comienza días antes del 1 de noviembre, Día de Todo los Santos, y el 2 de noviembre Día de los Muertos. La gente viene a visitar a sus seres queridos de todas partes trayendo todas clases de ofrendas, flores, golosinas, velas labradas, especialmente arreglos florales y coronas.
La tradición data desde el tiempo prehispánico que se incorpora las creencias antiguas y las cristianas. Pero esto fue evolucionando cada vez más con un conjunto de ojos descubridores sentimentales. Cada año había más actividades por Día de los Muertos alrededor de los cementerios, especialmente si el muerto ha sido enterrado recientemente cuando se demostraba con túmulos como un recuerdo del dolor reciente.
La tradición de la construcción del túmulo comenzó durante las culturas prehispánicas. Normalmente, el túmulo se arreglaba en el hogar de la familia del muerto como un pequeño altar revestidos con paños y manteles fúnebres. El túmulo o altar como los españoles lo preferían, se construye en tres niveles, representando el hampa, la tierra y los cielos. Asimismo, en algunos túmulos tenia un arco. Este elemento era indispensable porque por este era la entrada por donde llegan los muertos a convivir y a compartir los potajes. Otro elemento aportados por los españoles que se pueden apreciar en los túmulos o altares son los crucifijos, Vírgenes o los imágenes de santos que se veneran en cada pueblo.
La fórmula para establecer un túmulo tradicional de muertos es sencilla, pero no es apenas una cuestión de demostrar una foto del difunto, los dulces, el alimento, la fruta e iconos religiosos. Los elementos claves que se deben incluir en el túmulo son considerados como una tradición. En ellos incluyen los alimentos que el muerto lo gustaba y se dejan en el túmulo durante toda la noche, preparados para que el alma consuma en la medianoche.
Aun quedan las tradiciones y costumbres que se preservan. En el cementerio, días antes se prepara lugar donde el muestro está sepultado, limpiándolo, pintándole y decorándole con retoques a sus lapidas con especial cariño y añoranza. Si la familia tiene su propio mausoleo, pintan las puertas y ventanas, limpian los jardines y entradas. En todo caso es como un mantenimiento anual a la morada de los muertos.
En Día de los Muertos, todos van al cementerio con flores, y con las velas. Según la tradición, las almas están permitidas a volver a la tierra una vez al año. Los cristianos lo describen como resurrección y regreso. Las velas y el incienso son casi siempre el presente. La llama de la vela representa la luz, la fe y la esperanza.
Familias enteras se sientan alrededor de la sepultura encendiendo velas, recordando y rezando. Hay familias que llevan sus propios músicos folklóricos para tocar melodías que el muerto lo gustaba. En otros lugares, la banda de músicos del pueblo va de sepultura en sepultura tocando melodías para la fortaleza del espíritu del muerto, esto implica un costo de pago por estos servicios. En otras partes el padre va ofreciendo rezos en nombre del espirito del muerto.
En muchos pueblos en la noche las velas son encendidas, y el cementerio llega de ser un mundo estrellado y místico. El incienso era una ofrenda usada en la oración que sus humos subían a los cielos.
En la celebración del Día de los Muertos aún se recuerdan los rezos que se decían en esos días significativos para los Andinos con características y costumbres diferentes que identifican a otros lugares del país. Los rezos muy temprano se realizaban en las hogares para los difuntos, al termino de esa ceremonia se ofrece a los asistentes, comida que se hayan preparados dedicados a los difuntos. También era común rezar a las Ánimas del Purgatorio, cuyo fin es que el alma del difunto pueda obtener la libertad, si se encuentra en ese lugar, para ayudarlos a salir.
Existían varias rezadores, pero aún así es en estos días no se daban abasto. Cabe recordar las rezadoras, quienes eran muy solicitadas en estas fechas de los muertos, además de ser las rezadoras maestras de las novenas que aunque a poca escala se siguen conservando en partes de la provincia de Huarochirí.
Disfrute y conserve las tradiciones
La invitación para esta singular celebración en los cementerios, los residentes andinos en Lima lo hacen a través de música y canciones de su tierra natal. Asimismo, al momento de despedirse les tocan la música tradicional de despedida. De hecho miles, los provincianos disfrutan donde la fiesta de sabores, olores y colores no tiene fin y queda plasmada en las ofrendas de los muertos. Hay un refrán que dice: “Solo la muerte nos espera” que no implica ni tragedia ni horror. Es más bien un modo irónico y desafiante de enfrentar lo inevitable.
Los escritores, filósofos, poetas e historiadores, dicen que en el Día de los Muertos los hombres y mujeres se enfrentan a la muerte sin temor y aunque saben que no pueden vencerla, por lo menos les sirve para disfrutar más de la vida.
Pienso que son buenas las intenciones de preservar tradiciones y costumbres mientras no se confundan ni se mezclen con la religión. Con esta postura creo que debemos rescatar tradiciones que se van perdiendo y fortalecerlos con el respeto que se merece para que se hayan adelantado el viaje eterno sean recordados por los vivos. Pienso también que “nosotros tenemos el deber con los muertos en la tierra, mientras que Dios se encarga en el cielo”. En algunos lugares, se ha acabado la costumbre de encender velas en los cementerios durante la noche; pocas son quienes hacen aquellos rezos y pocas rezadoras se ocupan de ello; bonita tradición y costumbre que año tras año vamos matando a causa de nuestra apatía.
Quizás, nos hemos olvidado que quienes conquistaron esta región no encontraron la riqueza material que era el codiciado oro pero contra tal; lamentablemente, aunque no queramos, es tradición que si no se va al rescate paulatinamente se irá desapareciendo al igual que otras.
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